Vale, lo admito, me agobio si no le tengo a mi lado, si no me hace una perdida cuando vuelve a casa borracho y si no me llama a las 7 de la tarde. Odio que me haga esperar siempre que quedamos y siempre me digo que es la última vez, que no quiero tener que pasarme más minutos sola en medio de la calle con pintas de idiota por su culpa... pero ¿para qué engañarme? Sé que le voy a llamar siempre que no me llame él, que voy a esperarle el tiempo que haga falta, a soportar sus borracheras y a reírme cuando la guarra de turno nos mire mal; sé que me reiré de sus chistes por muy malos que sean y que se me caerá la baba cuando le vea con esa americana que le da pintas de gangster. Por mucha resistencia que le ponga dejaré que me bese el cuello y me acaricie la espalda aunque acabe mordiéndole la yugular
Soy gilipollas, lo sé, y me lo he repetido una millonada de veces, pero no consigo cambiarlo, y mucho menos si me sonríe el muy idiota cuando me ve.
Preciosa entrada! Me encanta! Y no , no eres idiota. Es simplemente encantador romanticismo! :)
ResponderEliminarGracias por pasarte por el blog! :)
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