Por fin tuve mi noche de desenfreno, de locura, de risas y de idioteces. Me puse mis viejos tacones (por cierto, tengo que comprarme tacones) y a romper las calles con mi pelo rojo al viento. Funcionó, la noche fue un éxito, puede que porque no había puesto muchas esperanzas en ella, pero al final no falló nada (sí, falló justo él, pero bueno, otro día será). No importa que me riñeran después por ir un poco contenta, porque para un día que quiero desconectar del mundo lo hago, y no hay más que hablar.
Es genial estar con gente con la que apenas hablabas, porque te has distanciado, riéndote sin parar y caída en el suelo por culpa de la risa y el Don Simón barato. O con el chico guapo de clase echándote fotos mientras se te cae la baba por sus ojos o su inmejorable sonrisa...
Una noche genial, en resumen. Y esperemos que haya más como éstas ;D
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