Y por fin se ha acabado el 2011. Podría hacer como todo el mundo y decir que ha sido un gran año, que he conocido a gente increíble (sí, he conocido a gente maravillosa), he conseguido cumplir mis propósitos, he tenido a mi lado a gente que valía la pena que me han hecho vivir momentos maravillosos. Pero no me quiero engañar a mí misma ni engañar a nadie, ha sido un año de mierda, despreciable. Tampoco ha pasado nada drástico, simplemente no ha pasado NADA. Cada día era igual que el anterior, así todos los meses... Tuve mi momento de gloria la última semana de verano, como todos los años, pero una semana no va a arreglar 365 días. ¿Gente? Sí, conocí a varias personas que no quitaría de mi vida por nada, pero también me he alejado de otras que pensaba que estarían conmigo siempre. Al principio me culpaba, pensaba que todo era por causa propia, que los perdía porque soy idiota, pero no, me di cuenta que eran esas personas las que se iban de mi lado porque su entorno les inducía a ello, me dí cuenta de que esas personas habían cambiado tanto que ya no las reconocía...
¿Qué espero del 2012? No gran cosa. No voy a pedir que sea perfecto, tiene que tener momentos malos para poder valorar mejor los buenos. Pero tengo la corazonada de que éste año va a ser increíble. El día 1 de enero ya lo fue, y si el primer día es así, no quiero saber cómo serán los demás. Además, ahora he aprendido mejor a valorar el tiempo, a saber aprovechar los grandes momentos y a dejar escurrir los malos para que el tiempo pase más deprisa. He aprendido que con el esfuerzo puedo conseguir todo lo que me proponga y también que la gente viene y va. He aprendido que ser una misma es mucho mejor que ser una copia del resto. He aprendido a sonreír por mi cuenta.
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